El acuerdo con el FMI potencia la grieta en el gobierno del Frente de Todos

Lo que vaya a ocurrir la semana que viene en la Cámara de Senadores podría no escapar a la lógica Compartir en:

El fin de semana pasado, Alberto Fernández estuvo desde Olivos conectado permanentemente con Sergio Massa, que ya había escuchado los primeros reclamos de los operadores de Juntos por el Cambio que amenazaban con no aprobar el memorándum de entendimiento como había sido enviado al Congreso por el ministro de Economía, Martin Guzmán. A esas alturas la negativa a apoyar desde el camporismo, eso que ellos denominan “pacto con el FMI”, ya era una certeza. Por eso no hubo dudas, el albertismo no sólo debía apurar el tratamiento en Diputados, sino también empezar a negociar, inevitablemente, con el macrismo residual.

Desde el Instituto Patria entendieron que la fracción que apoya exclusivamente a Fernández iba “hacia el fuego como la mariposa” -y sin escalas-. Tal cual lo habían presagiado en esas reuniones reservadas, que (adrede) nunca fueron tan reservadas. El lunes, en la agenda oficial del jefe de Estado sólo aparecieron dos actividades: una reunión en el palacio gubernamental a las cuatro de la tarde con Carla Vizzotti (Salud), y un encuentro con Paul Graves, CEO de Livent Corporation, según la información oficial, una de las mayores productoras de litio a nivel mundial. Cónclaves que se publican con la idea de hacer eso que en el argot político se denomina: “mostrar gestión”.

En medio de la preocupación por los votos en la Cámara baja, cada tanto el mandatario le pedía al canciller Santiago Cafiero alguna información sobre la situación en Ucrania y las decisiones que Estados Unidos y la Unión Europea tomaban en el transcurrir de los días contra un aliado importante para su gobierno: la Federación Rusa y su cuestionado líder, Vladimir Putin. El hombre al que la diplomacia argentina decidió no nombrar para evitar críticas directas a la invasión que él encabeza y delinea en una clara resistencia a la OTAN.

De todos modos, las charlas telefónicas con el principal hombre de confianza de Fernández, y al que le tuvo que pedir la renuncia a la jefatura de Gabinete por presiones de su Vice, tienen siempre una premisa: alinear a la tropa del exGrupo Callao con el fin de resistir las embestidas del cristinismo, que lo sigue considerando un “okupa”, tal cual lo llamó la legisladora Fernanda Vallejos en un audio filtrado intencionalmente cuando empezó a ser considerado por el kirchnerismo duro como un desleal y desagradecido. Un integrante del círculo íntimo de la actual titular del Senado afirma que cuando ella decidió conformar una fórmula con el actual Presidente, su hijo Máximo Kirchner le dijo “el que traiciona una vez traiciona siempre”. Cristina no lo escuchó y avanzó con esa alianza de la que hoy reniega, pero en la que no deja de tener peso específico, a sabiendas de que es el eje de flotación.

El martes, el principal funcionario del país redobló la apuesta y eligió asistir a un acto por el Día Internacional de la Mujer en el partido de José C. Paz. En esos pagos bonaerenses certificó lo que venimos adelantando en este espacio donde les compartimos los entretelones en Casa Rosada. Frente al edil local, Mario Ishii, el titular del Ejecutivo nacional habló de “éste” como su primer mandato. Hace un mes y medio que está conformado –a menos de dos años de las elecciones del 23- un equipo de campaña que promueve la reelección de quien Cristina Kirchner eligió para ser su compañero de fórmula en 2019.

Mientras tanto, en el anexo de la Cámara baja, los opositores de JxC acusaban al oficialismo –con dirección en Balcarce 50- de querer asociarlos al ajuste que se vendrá debido al esquema que prevé Hacienda, y del cual intentaron despegarse pidiendo que se diferenciara el primer artículo del proyecto del Plan de Facilidades Extendidas firmado con el Fondo, aprobándolo, pero separado de las decisiones que tome el Gobierno, y que según los cambiemistas, no sólo no van a solucionar la debacle económica, sino todo lo contrario, la van a agravar.

La horas corrían entre idas y vueltas frenéticas, con un Massa y un Germán Martínez (reemplazante de Máximo Kirchner en la presidencia del bloque del FdT) que se reunían –contrarreloj- con referentes de los bloques de la oposición, e iban y volvían del Congreso a Casa de Gobierno quedándose hasta altas horas de la noche reunidos con Fernández, junto a su embozado jefe de Gabinete, Juan Manzur (quien depositó su destino político, como él mismo dijo, al cierre del acuerdo con el FMI), y entre otros funcionarios del riñón albertista, el mandamás de los asesores, Juan Manuel Olmos, uno de los factótums de la campaña en marcha de su superior.

En mitad de cinco jornadas agitadas, al presidente Fernández le tocó recibir a su par de la República Dominicana Luis Abinader Corona y una pequeña comitiva. Tal era la tensión que el mandatario seguía el protocolo de anuncios bilaterales con el país centroamericano en el Salón Blanco mientras enviaba mensajes de WhatsApp a Cafiero, que estaba sentado delante de él y quien, tras las señas de su jefe, leía rápidamente cómo estaba la situación en los despachos parlamentarios desde donde Massa enviaba permanentes novedades.

La portavoz Gabriela Cerruti volvió el jueves a la mañana de manera presencial al Salón de Conferencias para responder a las preguntas de los periodistas acreditados en el palacio rosado. En ese contexto, la funcionaria arrancó señalando que, pese a las diferencias entre oficialismo y oposición, es necesario "alcanzar el consenso" y respetar "a quienes se han expresado de otra manera". Un mensaje dirigido a propios y extraños. En esta oportunidad se animó a enviar un textual a la expresidenta al esgrimir -consultada sobre qué se espera que haga CFK con respecto al proyecto de acuerdo en la Cámara alta: "Esperamos que con el nivel de acuerdo que han demostrado las fuerzas políticas, que han dejado plasmado en el dictamen que ha salido por unanimidad en el Congreso, esto pueda salir en Diputados y en Senadores después".

El periodista que escribe esta nota la interpeló acerca de qué le diría el Presidente al votante que lo apoyó, escuchó todas sus críticas al endeudamiento y a Macri, y hoy termina observando como su administración depende de los votos de JxC para aprobar el acuerdo con el FMI, sin el respaldo explícito de CFK, de su hijo y La Cámpora. La vocera hizo un alegato de su posicionamiento, el de su variopinta fuerza, y el de su jefe: "Yo me opuse fervientemente al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, encabecé campañas contra el acuerdo, soy de una generación que empezó a hacer política en el 83 contra el Fondo".

"Llegamos a enfrentar una deuda que no construimos, que no habríamos contraído de haber sido gobierno en ese momento, venimos de la tradición histórica de un gobierno como el de Néstor Kirchner que canceló la deuda con el Fondo. Y Cristina Kirchner tiene una dimensión histórica que no pone en juego su posición con respecto al Fondo ", enfatizó, respecto a la línea que ha mantenido la vicepresidente durante los meses de negociación y aprobación del proyecto, y subrayó que "nos parece lo mejor que no esté el FMI, que no nos monitoree cada tres meses, que no nos controle las políticas, pero dicho esto, llegamos al gobierno con una deuda de 45.000 mil millones de dólares, que sólo los vencimientos que tenía este año Argentina nos hubieran obligado a entrar en default porque no hay ninguna posibilidad con los recursos que tiene el país de cancelarlos”, aseveró Cerruti.

Asimismo, reiteró la idea central de la justificación de Fernández y Guzmán al memorándum de entendimiento, al expresar: "Entonces encontramos el mejor acuerdo posible, la mejor solución posible para resolver un problema que no generamos y que tenemos la responsabilidad política, ciudadana e institucional de resolver porque somos gobierno. Así que entendemos que la enorme mayoría de los ciudadanos y las ciudadanas de Argentina comprenden la situación de la misma manera en que nosotros la comprendemos, y que necesitan que en este momento les digamos cuál es la solución", y cerró con una reflexión: "Hay momentos en los que uno puede decir lo que está bien o está mal. Hay momentos en los que uno tiene que dar las soluciones, y este es nuestro momento para dar una solución. Esta es la mejor solución, entendemos, que estamos dando".

El mediodía se abalanzó soleado sobre Buenos Aires, y las movilizaciones de las organizaciones políticas, sociales y sindicales que se iban a manifestar contra el nuevo préstamo que el Fondo le daría a la Argentina, llegaban a los alrededores del imponente edificio del Congreso para derivar más tarde en enfrentamientos entre un grupo marginal que arrojó piedras al palacio; rompió ventanas y hasta tiró una Molotov a la policía dejando un saldo de dos oficiales heridos.

Por su parte, Massa decidió brindar una rueda de prensa en el Salón de Honor del Congreso antes de la sesión con la finalidad de reiterar el pedido de “racionalidad", y retar al periodismo ante la consulta de si la vicepresidenta no debería haberse pronunciado. El líder del Frente Renovador respondió enojado: “Yo la verdad que los veo muy preocupados por la interna del Frente de Todos y poco preocupados por el tema de la deuda”, y hasta se permitió ironizar sobre los adjetivos de halcones, palomas y "torcazas", que tanto se usan mediáticamente.

Lo cierto, es que las cartas ya estaban echadas, Máximo Kirchner fue directo a su oficina y no bajó a dar quórum. La extensa lista de oradores hizo que la sesión especial durara hasta las 3:44 de la madrugada, cuando después de chicanas y exposiciones repetitivas llegó la hora de la verdad: 202 votos a favor, 37 en contra y 13 abstenciones. Libertarios e izquierdistas desaprobaron, y los más esperado, al interior del bloque oficialista, 27 votaron en contra y se sumaron 13 que prefirieron no manifestarse.

Los celulares de los dirigentes que se referencian con Alberto Fernández explotaban de alegría. “La verdad que Sergio es un genio!”, decía una funcionaria con rango de ministra, a la vez que otros también le daban mérito a Martínez, quien cerró con un discurso moderado su exposición como jefe de Bloque del FdT.

Entre esos intercambios elogiosos no faltó quien subrayó que la oposición cayó en la celada de pretender que por votar el re endeudamiento -y no el programa económico- quedaba indemne de lo que se acordó con el staff de la entidad financiera global. “Es ridículo, es lo mismo, si apoyás el primer artículo avalás el segundo”, satirizaban eufóricos.

La mañana del viernes llegó, y el Presidente voló hacia Chile para asistir a la asunción de su par electo, Gabriel Boric. Después de abrazos con Sebastián Piñera, el rey Felipe VI de España, entre otras figuras internacionales, el mandatario argentino le manifestó a la prensa en referencia a la aprobación del acuerdo con el Fondo que: “Hemos dado un paso muy importante para resolver un problema muy grave que tiene la Argentina, y que lamentablemente va a tener durante muchos años, pero yo le agradezco a todos los diputados que ayer (por el jueves) nos acompañaron, porque es un momento difícil para la Argentina y lo tenemos que resolver”.

Implícito estaba el no agradecimiento para Máximo y Cristina Kirchner, quienes ahora se presentan como sus principales oponentes, aunque todavía haya quienes sostienen que se trata de una puesta en escena que tiene como propósito tener en el frentismo a los oficialistas y a los opositores -a la vez- de cara al 2023.

Otro ingrediente al desmadre intrínseco lo sumó la propia jefa política del espacio gobernante, cuando publicó este viernes en su cuenta de Twitter un vídeo al que tituló “Otra vez… inmensa pena.”. En el material, Cristina mostró los destrozos en su lugar de trabajo mientras relataba con quienes estaba en el lugar (“el senador Oscar Parrilli, la senadora Anabel Fernández Sagasti, el diputado Máximo Kirchner y quien les habla”), a la vez que acusaba sin eufemismos, que el ataque fue dirigido a ella, con estas palabras: “Paradójicamente fue mi despacho el que atacaron. El despacho de quien hizo frente a los Fondos Buitres, quien mantuvo fuera del país al Fondo Monetario Internacional cumpliendo el legado de mi compañero Néstor Kirchner y que además construyó con su decisión el Frente de Todos que permitió derrotar a Mauricio Macri. Paradójicamente o intencionalmente...”.

La diferenciación con el ala albertista volvió a ser clara y eso quedó refrendado y potenciado en el documento de los camporistas que, casi al mismo tiempo, salían a reprochar lo actuado por el ministro Guzmán con el Fondo Monetario. “Desarrolló una estrategia de "amabilidad", secretismo, hermetismo, confusión y desinformación en las negociaciones, sólo explicable por la difundida creencia de que estábamos ante un "nuevo" Fondo Monetario Internacional que sería seducido por la pericia académica y los "buenos modales" de los negociadores e interlocutores argentinos”, afirmaron.

Rubricando, además, que “el gobierno argentino debería haber optado por una negociación "dura" que procure extender los plazos de devolución por encima de los reglamentos vigentes en el FMI, eliminar la sobretasa de interés y exponer ante los argentinos y argentinas y ante todos los Foros Internacionales posibles, no sólo aquellas gravísimas irregularidades del préstamo otorgado a Mauricio Macri, sino también el carácter y objetivo estrictamente político que tuvo dicho préstamo y que fuera exteriorizado por un funcionario de la administración Trump y actual Presidente del BID: concurrir en auxilio del gobierno de Cambiemos y salvar la administración de Mauricio Macri”.

Nada muy diferente a lo que había esbozado Cristina Kirchner en el acto del Día de la Democracia junto a Fernández, Lula Da Silva y José Mujica, cuando las alocuciones de los compañeros de fórmula del 2019 parecían un debate a cielo abierto con un cabildo popular que aplaudía más a la exmandataria que a quien tiene intenciones de postularse, junto a los que fueron con Florencio Randazzo contra la líder del kirchnerismo en 2017, para tener otro período presidencial con el apoyo de las desdibujadas organizaciones sociales que gobiernan el Ministerio de Desarrollo Social, parte de la CGT, y algunos gobernadores e intendentes del PJ. Los mismos que repetían aquellas palabras del propio Alberto: “Con Cristina no alcanza, pero sin ella no se puede”.

Lo que vaya a ocurrir la semana que viene en la Cámara de Senadores podría no escapar a la lógica que se impuso en Diputados. Lo que sí está claro es que no habrá sostén cristinista. La principal referente del Frente ya se manifestó y mantendrá esa postura. El que debería mover sus piezas es el Presidente, pero ante una difícil paradoja, ir contra su axioma previo a la conformación de la coalición que hoy gobierna, y aquella promesa que hizo en el fragor del triunfo: “Nunca más me voy a pelear con Cristina porque vamos a hacer la Argentina que todos ustedes merecen” .

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