Opinion por: Pablo Portaluppi

18 de julio de 2022

Hace 10 años una escuela para chicos sordos reclama un edificio nuevo: Funciona en una casa de 127 mts2

Un reclamo que se realiza desde el año 2012 Compartir en:

Un living comedor de 15 mts2 que funciona como “salón de usos múltiples”, un solo baño, un patio más chico que el sum, 2 habitaciones de 6 mts2 cada una que hacen de aulas. Para albergar a 117 chicos sordos e hipoacúsicos.

Desde el año 2012, la Escuela de Educación Especial 515 de la ciudad de Mar del Plata viene reclamando al gobierno de la provincia de Buenos Aires la adquisición de un nuevo edificio para mudar sus instalaciones, a partir de distintos escritos presentados por los canales correspondientes. También se hizo una presentación ante la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires el 13 de julio de 2018.

A pesar de que pasaron varias autoridades desde entonces, nunca obtuvieron ningún tipo de respuesta satisfactoria a su dramático reclamo. Ni de las administraciones de Daniel Scioli, ni de la de María Eugenia Vidal, ni de la actual de Axel Kicillof.

Aunque cueste creerlo, hasta el año 2020, la escuela funcionó en una casa estilo ph de apenas 127 mts2. Y la situación no mejoró en casi nada desde entonces: ahora los chicos concurren a clases en otros establecimientos que cedieron algunas de sus aulas.

Peor aún. Una de esas escuelas es la especial 504, destinada a chicos ciegos, que no tiene calefacción y corre riesgo de ser desalojada ya que la provincia no paga el alquiler hace 9 meses. El otro colegio donde van los chicos de la 515 es la 58.

“Todo bien pero no están cómodos”, cuenta una mamá de un nene de 12 años, que no oculta su padecer. “No tienen biblioteca, ni el espacio necesario. Y no van las horas que tienen que ir”, agrega, y explica que “los chicos necesitan jornada completa, para estar con sus pares, interactuar”. Y asegura: “En 2023 sí o sí necesitamos una solución definitiva”.

Una suma de desidias de la que no se salva nadie.

El último reclamo data del 24 de febrero de 2022, antes del comienzo del ciclo lectivo, normalizado después de 2 años por la pandemia de coronavirus. Un tiempo más que prudencial por parte de las autoridades para haber resuelto aunque sea en forma parcial el problema. Y una etapa en la cual estos chicos sufrieron mucho por no poder vincularse entre ellos.

El organismo que canaliza los reclamos educativos en cada uno de los distritos de la provincia de Buenos Aires es el Consejo Escolar, consagrados en la Constitución bonaerense.

Sus funciones son variadas, desde el asesoramiento de las cooperadoras escolares y la gestión de provisión de muebles y elementos de equipamiento escolar, hasta la designación del personal auxiliar de las escuelas, pasando también por la gestión de distintos trámites, y la supervisión y mantenimiento de la infraestructura escolar. La conducción del Consejo debe “construir colectivamente junto con las comunidades educativas (Docentes, Auxiliares, Padres y Alumnos), dejando de lado el partidismo político”.

Los Consejeros Escolares duran 4 años en sus funciones, renovándose por mitades cada 2 años, consagrados por el voto popular. La cantidad de sus integrantes varía de acuerdo a la cantidad de escuelas existentes en cada distrito. En el de General Pueyrredon, cuya cabecera es Mar del Plata, son 10.

Después de las elecciones legislativas de fines del año pasado, hubo renovación de consejeros en el distrito. En la presidencia del cuerpo asumió Natalia Russo, que lo integra desde 2019, originaria del PRO, pero luego integrante del espacio local Crear, aliado a Juntos por el Cambio.

Pero Russo hizo una “voltereta” en el aire y ya no acompaña necesariamente las iniciativas de su espacio. De hecho, fue señalada recientemente por haber convalidado con su firma, y a espaldas del cuerpo, la polémica cesión al MTE de Juan Grabois de un predio originalmente donado para la construcción de escuelas. ( http://elobservadoronline.com.ar/index.php/2022/07/02/desafectan-un-predio-donado-para-escuelas-y-se-lo-dan-al-mte-de-juan-grabois/ )

Casualmente, la comunidad educativa local peticionó para levantar allí un edificio para la 515, algo que las autoridades del colegio desecharon porque la zona resultaba de difícil acceso para los alumnos de la institución, ya que a la misma confluyen familias no sólo de Mar del Plata, sino también de Batán y de Sierra de los Padres.

Además, los chicos suelen interactuar con instituciones privadas que se encuentran en zonas aledañas a la actual sede.

También el director de la Escuela 25, Luis Distéfano, había solicitado la cesión de un predio lindero abandonado, tanto para su institución como para la 515, pero la provincia se lo otorgó al “SUTERyh”, el sindicato de Victor Santa María. (http://elobservadoronline.com.ar/index.php/2022/07/09/la-provincia-de-buenos-aires-le-cedio-a-un-sindicato-un-predio-que-una-escuela-de-mar-del-plata-pide-hace-15-anos/ )

La Escuela Especial 515 “José Antonio Terry (h)” fue formalmente creada el 22 de septiembre de 2013 a través de la resolución 4087, pero en verdad ya funcionaba desde algunos años antes como extensión de la 508. En 2004 la provincia, a través de la Dirección de Cultura y Educación, adquirió la casa donde aún funciona, en Avellaneda 1859, por lo que el establecimiento asumió su propia identidad.

Cuando se recorre el ph, cuesta creer que allí se les daba clases a chicos con discapacidad auditiva, y con una matrícula en franco ascenso: mientras en 2016 la escuela contaba con 70 alumnos, 2 años después se llegó a 98, y en la actualidad son 117 los chicos que concurren de todo el distrito.

Para empezar, la casa no posee timbre con visor, lo que implica que no se puede ver quién desea ingresar, en una ciudad con altos niveles de inseguridad. Una vez dentro, se debe recorrer un angosto pasillo de 80 cm de ancho y 15 mts de largo.

Por lo que “las personas con problemas motrices no pueden ingresar al edificio ya que la entrada no permite el ingreso con silla de ruedas o con andadores”, como afirma uno de los tantos pedidos presentados.

Antes de ingresar a la superficie techada, se encuentra el patio donde los chicos deberían jugar, siempre y cuando puedan hacerlo, ya que el mismo mide solo 10 mts 2. En rigor de verdad, dicho espacio era más grande, pero parte de él debió ser utilizado para hacer la cocina del lugar, para que los chicos puedan comer allí, ya que por sus dificultades, deben permanecer en la institución 8 horas por día.

Es decir, que los chicos desayunan, almuerzan, y meriendan en la escuela. Las tres comidas se preparan en un ambiente donde solo entra un cocinero. Es fundamental para las personas que sufren este problema que se vinculen entre ellos la mayor parte del tiempo posible.

Apenas se ingresa a la casa, aparece el living comedor, que hace las veces de salón de usos múltiples, o al menos intenta, ya que sólo tiene 15 mts2. En la planta baja, además está uno de los dos baños que hay en todo el ph, y una habitación contigua, con un múltiple uso: sala de docentes, Dirección y Preceptoría.

En planta alta, la escuela cuenta con dos habitaciones de no más de 6 mts 2 cada una, y un baño. Es allí donde los alumnos aprenden y deben interactuar con sus pares. Debido a que el espacio es muy reducido, sólo sube una parte de los estudiantes, ya que para la enseñanza a través del lenguaje de señas, resulta necesario tener lugar y ubicarse “en ronda” para poder ver y de esta forma aprender.

Además, por sus mismas dimensiones y por no estar construido a tal fin, la escuela no cuenta ni con vereda propia para el ascenso y descenso de los chicos de la combi, ni con las medidas de seguridad necesarias. En caso de incendio o destrucción, los alumnos no podrían evacuar el edificio hasta no visualizar el problema, ya que no existen implementadas señalizaciones pertinentes para personas no oyentes.

De hecho, en 2016 el lugar “debió ser desalojado por presentar graves problemas estructurales puestos en evidencia en la instalación de la red de gas, que ocasionaba fugas, lo que fue comprobado a través de una prueba manométrica realizada por un gasista matriculado”, perteneciente al propio Consejo Escolar.

A pesar de ello, nada cambió. Cuesta comprender las razones, o tal vez, como afirma una mamá, “solucionar este problema no da votos”.

La escuela 515, así mismo, abarca todo el partido de General Pueyrredon, de casi 800.000 habitantes, y es la única institución educativa estatal que enseña a sus alumnos, niños y adolescentes sordos e hipoacúsicos, a través de su lenguaje natural: el de señas.

Y cuenta con tres niveles: inicial, primario y secundario. Los estudiantes de este último se encuentran integrados en escuelas de nivel acompañados por Maestros Integradores e Intérpretes de Lenguas de Señas Argentinas.

El edificio que están pidiendo debería contar con “8 aulas de medidas apropiadas a una institución educativa, baños para niños, niñas, y adultos, un patio donde se puede desarrollar actividad física y de recreación, un comedor, y una cocina más grande y un sum acorde a sus funciones”. Además, debería tener señales luminosas, para indicar el inicio o el final de clases, y los recreos.

Es decir, lo que cualquier escuela necesita.

Es evidente que el inmueble actual no se adecúa a las necesidades institucionales, por lo que resulta imperioso contar con un nuevo edificio. Pero parece que las prioridades van por otro lado.

Recientemente fue adjudicada la obra para la construcción de la Casa de la Provincia en General Pueyrredon, un controvertido proyecto llevado adelante por el gobernador Axel Kicillof, que prevé montar estos edificios en todos los municipios del interior.

La oferta adjudicada en el distrito fue de $352 millones, un 20% maypr al presupuesto oficial, y es una de las más de 50 Casas de la Provincia previstas, con los objetivos específicos de “promover y difundir los aspectos relativos a la economía, cultura, comercio, industria, ganadería, ciencia, historias provinciales y turismo de la Provincia de Buenos Aires”, como así también “orientar y asesorar al ciudadano en materia de gestión de los diferentes trámites administrativos que prestan las delegaciones ministeriales con sede en la Casa de la Provincia”.

Quizá no se trate de una mala iniciativa, pero en un contexto de escuelas con graves problemas edilicios en territorio bonaerense, o directamente sin edificio adecuados, debiera al menos reverse el orden de prioridades.

El presupuesto original para este proyecto fue de $4.000 millones, pudiéndose ampliar a $12 mil millones. Cada una de estas Casas tiene un costo estimado de $350 millones. De acuerdo a un proyecto del propio Gobierno nacional lanzado en febrero de este año, se prevén construir 100 escuelas técnicas en todo el país, de 3.000 mts cada una, con un presupuesto de $35.000 millones.

Es decir, que cada escuela costaría $330 millones, casi lo mismo que cada una de las Casas de la Provincia. Axel Kicillof declaró hace pocos meses que durante su gestión se construyeron 76 nuevas escuelas. Ninguna en General Pueyrredon.

Pero las rencillas políticas no parecen ser la solución.

Mientras 117 familias esperan respuestas a su dramático pedido de conseguir un edificio adecuado a las necesidades de los chicos, la escuela sólo se sostiene por la pasión, el esfuerzo y el empuje que ponen sus docentes y todo el personal “año tras año para incentivar a los alumnos a que se comuniquen a través de su lengua natural y a que no se sientan solos”.

En una reciente reunión en el Consejo Escolar, llevada a cabo el martes 12 de julio, las autoridades confirmaron la apertura de un expediente para el alquiler de un inmueble en la zona de Catamarca y Castelli, ya que la provincia, les reconocieron, “no quiere comprar edificios”. Pero al menos después de las vacaciones de invierno les garantizaron a los chicos las 8 horas de clases diarias que necesitan.

Al menos es algo después de 10 años de continuos reclamos. No sólo de las 117 familias, sino de toda la comunidad sorda de General Pueyrredon.

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