Opinion por: Sebastián Jiménez

10 de diciembre de 2020

Primer aniversario: Capitulo 4

Se cumple un año de la asunción de Jorge Paredi como intendente de Mar Chiquita

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Un martes 10 de diciembre de 2019, “Pitingo” se sentaba en el sillón del despacho principal de Beltrami 50. Pasaron 365 días y su cuarto mandato comenzó convulsionado.

Se cumple el primer año desde que Jorge Alberto Paredi asumiera como intendente del Partido de Mar Chiquita, en lo que representa su cuarto mandato después de tener otros tres de manera consecutivas: aquellos 12 años que gobernó (entre 2003 y 2015) se vieron interrumpidos por la administración de Carlos Ronda, a quién le ganara las elecciones de 2019.

Pitingo y su gabinete retornaron a la intendencia con una ambiciosa promesa que consistía en “100 días para poner de pie a Mar Chiquita”, después de lo que dejó el gobierno de Cambiemos, sin embargo esto quedó interrumpido por la pandemia de coronavirus, que derivó en una reformulación de estrategias de gobierno, con el combate contra el Covid-19 como mayor preocupación.

En el medio, hubo aciertos y errores de parte de la administración Paredi al frente del municipio. Los primeros meses iniciaron con una buena temporada de verano y una cordial (aunque tensa) relación con los guardavidas, la cual fue empeorando en los meses posteriores.

La elección del marplatense Marcelo Artime para comandar los hilos de la secretaría más importante durante el verano de ese nuevo mandato, generó polémicas y fue uno de los puntos más criticados a lo largo de estos 365 días, los que incluyó: reclamos de los guardavidas (con un derrumbe de acantilado en Santa Elena y discusiones con concesionarios de balnearios privados), enfrentamiento por chiringos de Santa Clara del Mar y alguna que otra desafortunada declaración en medios de comunicación.

La elección de funcionarios de localidades ajenas a la costa de Mar Chiquita fue uno de las decisiones más discutidas a Pitingo, como en el caso del vidalense, Marcelo Pigliacampo como delegado de Balneario Parque, aunque se vio como un acierto la designación de Antonio Contardo al frente de la dependencia municipal de Santa Clara del Mar y a un ex enemigo como nuevo aliado comandando la cartera de seguridad, Javier Navarro.

Las promesas de conclusión del estadio de Santa Clara se reflotó y redobló la apuesta con la construcción de un estadio en General Pirán, además de las obras de cloaca para parte de la costa fueron los ejes de una “campaña” en plena función pública.

También se destaca la colocación del oxígeno para el Hospital Municipal, Eustaquio Aristizabal, la conclusión de las obras de la escuela y jardín de Camet Norte, como principales tareas realizadas.

El manejo de la pandemia fue el eje central de este primer año: retenes en las rutas 2 y 11, controles policiales para lograr el cumplimiento de la cuarentena, asistencia a las personas más necesitadas y el protagonismo de otro de sus funcionarios que generó polémicas: Fernando Vargas, titular de la cartera de Salud, tuvo algunos desaciertos. Propuso reuniones de solo cien personas para evitar contagios y fue cuestionado por despedir personal de salud en plena pandemia.

El año convulsionado de Pitingo tuvo grandes polémicas en el manejo de una pandemia que comenzó con un excelente trabajo para evitar la propagación del virus en la comunidad. No obstante, los primeros contagios aparecieron dentro del propio gabinete y planta municipal, lo cual se adujo al propio trabajo que se venía realizando pero esa situación se llenó de cuestionamientos después de un sospechoso aislamiento del Jefe Comunal y la confirmación del contagio de su esposa -también funcionaria-, la que según el propio Paredi, había salido a “realizar pequeñas compras en Mar del Plata”, cuando el mismo intendente pedía no trasladarse a esa ciudad que comenzaba a calificarse como foco de contagio.

Las polémicas durante la pandemia fueron una constante: donaciones millonarias por empresarios que, luego se verían beneficiados por una ordenanza de fitosanitarios que despertó la primera gran reacción del pueblo: se había aprobado, de manera urgente, una discusión que requería mucho análisis y que no era prioridad dentro de la propia pandemia.

La reacción de la gente provocó marchas, las cuales se reiteraron en la costa por diferentes cuestiones: chiringos, fitosanitarios, autonomía y hasta se le sumó un escrache en el barrio privado donde vive Paredi, de parte de personas no residentes que querían ingresar al Distrito.

El primer año de Jorge Alberto Paredi se cumple con una nueva temporada que es una incógnita debido a la particularidad de la pandemia, con discusiones que se reforzaron: el reclamo de los guardavidas se convirtió en un gran problema, la designación de funcionarios que no son de la costa de Mar Chiquita sigue en debate -mañana se oficializa un nuevo delegado en la costa- y lo único que no cambia hasta el momento, es la falta de dialogo con los ciudadanos.

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