Opinion por: Por Conrado Dávila

24 de marzo de 2026

Cincuenta años no es nada

Basado en las palabras dichas en la EESA Nº 1 Anexo Santa Clara Compartir en:

Este aporte está basado en las palabras alusivas al Día Nacional por la Memoria, la Verdad y la Justicia dichas en la EESA N.º 1 Anexo Santa Clara del Mar, de la Tecnicatura en Pesca y Acuicultura.

Este martes 24 de marzo, se cumplen 50 años del último golpe de Estado en nuestro país.

50 años, todavía me acuerdo que ese día mi papá me despertó y me dijo, hoy no hay clases, hubo un golpe de Estado.

Hay cosas que resuenan en mi cabeza, tenía 12 años cuando ocurre ese golpe de Estado. Estaba en el último año de la primaria; eso nos ha marcado a mí y a mi generación.

Creo que vale la pena recordar. La idea que les quiero transmitir es que los hechos históricos, más allá de la impresión que dejen en nuestra memoria individual, se viven en una comunidad, se viven de manera colectiva y de cómo los vivamos, va a depender nuestro presente y nuestro futuro. Yo siento que en la Argentina no paramos de olvidar más que de recordar. En todo caso, recordamos, entre comillas, haciendo alusión a fechas, a momentos, a personajes, pero quitándoles todo peso político, todo sentido histórico.

Después de tres años de iniciar la dictadura, en el 1979, el presidente de facto, Jorge Rafael Videla, da una conferencia de prensa en la que participan otros periodistas, además de los habitualemente acreditados para recibir los partes oficiales. Dentro de esos periodistas hubo uno que se llama José Ignacio López. Era vecino mío, de dónde yo vivía de chico, en José Mármol. López le hace una pregunta incómoda, le pregunta por los desaparecidos. La consecuencia es una bomba en su casa. Me acuerdo de ver el frente de la casa destruido. José Ignacio López fue después el vocero presidencial del primer gobierno de la democracia después de caída de la dictadura, el gobierno de Raúl Alfonsín.

El sentido de contar algo desde lo personal es transmitir la idea de que hay que hablar, hay que conversar, hay que compartir recuerdos, pensamientos y emociones, porque si no, nada se crea. El proceso de reorganización nacional era un proceso de destrucción, no de construcción. Tenía la ilusión de que con esa destrucción del enemigo ideológico y político se iba a poder afianzar un modo de ser único y representativo de la Argentina y de los argentinos.


Son muchas cosas que tocan a mi generación, la guerra de Malvinas es otra. Haciendo el servicio militar, también conocí, lo vi pasar de lejos, a un oficial que era el que estaqueaba a los chicos en Malvinas. Esos chicos eran mis hermanos. Cuando estalló la guerra de Malvinas yo estaba en último año de la secundaria. Estaba furioso. Ese gobierno no me representaba y mucho menos le daba la autoridad de llevar a gente de mi generación a Malvinas. La causa por la soberanía en Malvinas es legítima, pero no tenían legalidad quienes emprendieron esa guerra.

Volvamos a los hechos de la dictadura y los derechos humanos, aquí en el continente.

Con respecto a los hechos y las interpretaciones, me pregunto: ¿Todo es debatible, todo es relativo? ¿O nos podremos poner de acuerdo en que está mal que el Estado cometa delitos?

La dictadura empieza a caer en 1982, después de la guerra de Malvinas y en diciembre de 1983 asume el presidente Alfonsín. Ya, antes del final de la dictadura, hubo informes de organismos internacionales, reconocidos en el ámbito de la justicia y los derechos humanos, como Amnistía Internacional y la Organización de Estados Americanos. Habían visitado La Argentina y los informes hablaban de las violaciones a los derechos humanos por parte de la dictadura. El presidente Alfonsín ordena al comenzar su gobierno, la puesta en marcha de un juicio a las juntas militares, de estos gobiernos de facto que se sucedieron entre el 76 y el 83. El juicio se desarrolló durante el año 1985. Está la película, dicen que es muy buena; no la pude ver, por supuesto. En ese juicio se probó la comisión de delitos como la tortura, la desaparición, el asesinato, el robo de bienes materiales, el robo de bebés, el cambio de identidad. Pero además se demostró que hubo un plan sistemático diseñado y llevado adelante por este gobierno de facto para para imponer el terror por parte del Estado y cometer estos crímenes de lesa humanidad.

No olvidemos a las madres y las abuelas de Plaza de Mayo, que cumplieron un rol fundamental en el restablecimiento de la democracia, en la recuperación de la identidad de muchas personas, en recomponer el entramado social y la historia.

Entonces, creo que tenemos que poner todo esto en contexto. Tenemos que pensar también en cómo vivimos hoy, 50 años después, si algo o mucho de lo que vivimos quienes formamos parte de la sociedad argentina por aquellos años, perdura hoy en día, se conserva hoy en día. Por ejemplo, cuando se considera a la política como una “mala palabra” y cuando se busca anular al otro, tomándolo como un enemigo al que hay que eliminar del debate público. Si pensamos en las redes sociales, en cómo nos manejamos en la calle, hasta en cómo se manejan los legisladores en el Congreso Nacional y vemos que no hay diálogo, que no hay convivencia, no hay respeto por el otro. Al leer (las estadísticas son contundentes) que aumentan los femicidios y aumentan las agresiones a miembros de la comunidad LGTBQ +, cuando sabemos que hay violencia instiucional, perseguidos políticos, cuando miramos el mundo en guerra, es válido preguntarse: ¿Estamos viviendo en ese reconocimiento del otro, en el respeto al otro, como emoción fundamental que guía nuestra vida?

¿No será que algo de aquellas épocas tan violentas se conserva? Me pregunto si esa historia violenta no perdura hasta nuestros días y me pregunto también cómo queremos vivir hoy y en los próximos 50 años ¿Queremos vivir en la violencia, queremos vivir en la anulación del otro, o queremos, por el contrario, vivir en un clima de respeto, donde el debate sea un intercambio de ideas, sea parte en todo caso de un conflicto -porque la política es conflicto-, pero en el marco de una convivencia que nos permita avanzar como sociedad?

Porque democracia, es -pensando en lo más básico- cuando el otro es lo más importante. Cuando -como diría Humberto Maturana, un genio chileno que la ciencia argentina decidió ignorar- reconozco a ese otro como legitimo en la convivencia.

Tomemos posición a favor de la democracia y por la paz.

Por Conrado Dávila

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